viernes, 20 de marzo de 2015

Limpieza hepática profunda

En presencia (o sospecha, ya que nadie está libre de ellos) de abundantes cálculos intra hepáticos, seguramente deberemos recurrir a un método de depuración enérgico. Es el caso del método de limpieza hepática profunda, una técnica eficaz y relativamente sencilla para eliminar íntegramente los nocivos cálculos biliares que describimos antes. Dada la inocuidad del método y sus grandes beneficios, no tiene mayor sentido plantearse dudas respecto a la conveniencia de practicarla, ni dilatar la práctica, a la espera de un momento ideal.
El procedimiento se basa en un período preparatorio (6 días), durante el cual se ingiere diariamente al menos un kilo y medio de manzanas. Esto se realiza para generar un ablandamiento de los cálculos, por acción del ácido málico presente en la manzana. Luego, durante los dos días de la limpieza se toman 4 vasos de solución magnésica (sulfato de magnesio). El efecto del magnesio es dilatar los diminutos conductos biliares, a fin de facilitar el tránsito de los cálculos reblandecidos por la acción de las manzanas. Finalmente se ingiere una emulsión de aceite de oliva y jugo de pomelo, lo cual provoca un fuerte estímulo de secreción biliar, lo cual activa la expulsión de los cálculos.
Antes y después de la limpieza hepática profunda, es necesario realizar una cuidada limpieza de los intestinos, a fin de evitar el estancamiento de los tóxicos cálculos biliares en el tránsito intestinal, lo cual generaría una peligrosa reabsorción de la materia tóxica expulsada (parásitos, virus, materia putrefacta) a través de la mucosa intestinal. Además de migrañas y nauseas, podrían generarse cuadros de pancreatitis o apendicitis. Lo ideal es hacer antes de la primera hepática profunda, un lavaje colónico completo (3 sesiones) y luego una limpieza con agua salada (o una sesión simple de colónica), a modo de “enjuague intestinal”. En las sucesivas hepáticas y según se lleve a cabo una alimentación fisiológica (solo frutas, hortalizas y semillas) puede prescindirse del lavaje colónico previo y limitarse al “enjuague” posterior (agua salada, sesión simple de colónica, etc).
La técnica no es aconsejable para ser realizada en medio de enfermedades agudas (gripes, fiebres, diarreas, etc), período menstrual, embarazo o lactancia. En cambio resulta sumamente aconsejable en enfermedades crónicas, al resolver la causa profunda del problema.
Dependiendo de la congestión presente en cada persona, suelen ser necesarias varias sesiones de este método, entre las cuales debemos dejar al menos un mes de intervalo. La ausencia de cálculos en las evacuaciones es la señal que hemos concluido el proceso satisfactoriamente. Una vez ultimada la serie completa de limpieza hepática profunda, y dependiendo de los hábitos higiénico/alimentarios de la persona, se sugiere realizar una limpieza anual como mantenimiento preventivo, preferentemente en coincidencia con el equinoccio de primavera (21 de setiembre).
LOS SEIS DÍAS PREPARATORIOS
Durante los seis días previos a la limpieza, se recomienda una alimentación frugal, depurativa y fisiológica. En este período, no se debe consumir: lácteos, fritos, almidones, féculas, proteína animal, alimentos muy fríos (helados), cantidades excesivas de alimento, ni medicación crónica no esencial. Para las personas con obligaciones laborales, es útil comenzar este lapso un día domingo, a fin de culminarlo un viernes, dejando la limpieza propiamente dicha para el fin de semana no laboral (sábado/domingo).
Diariamente debemos consumir 1,5 kg de manzanas frescas (rojas o verdes), alejadas de las comidas (al menos una hora, mejor dos) para favorecer la asimilación del ácido málico (puede ser a media mañana y a media tarde). Lo ideal es fruta masticada o licuada, ya que el jugo (aún casero) elimina la fibra en el centrifugado y provoca desorden de la glucosa en sangre (picos de hiperglucemia y resistencia a la insulina). Obviamente no debemos usar jugos industriales ni conservas, ya que se necesita la vitalidad, la carga enzimática, la oxigenación, la alcalinidad y la ausencia de aditivos de la fruta fresca.
Para casos extremos,, como por ejemplo una diabetes descontrolada, se puede utilizar el ácido málico, principio activo clave presente en la manzana. En este caso, la dosis de manzana se puede reemplazar con 2 gramos de ácido málico disueltos en ½ litro de agua tibia; bebiéndolo a sorbos durante la jornada. También puede usarse el ácido málico a fin de completar una ingesta parcial de manzanas o bien en personas sin plena autonomía o con dificultades para consumir el kilo y medio diario de la irremplazable fruta fresca.
Aclaración importante: Siempre resulta preferible el efecto de la manzana frente al ácido málico, por el aporte enzimático y los numerosos principios activos de la fruta fresca. El ácido málico también puede ser usado como complemento de las manzanas, a fin de garantizar la adecuada presencia de este principio activo durante la preparación, ya que su carencia puede generar cólicos durante la eliminación, al no ablandar suficientemente los cálculos. Por seguridad es siempre preferible que sobre ácido málico a que nos quedemos escasos del principio ablandante de las piedras.
Es también importante observar la regularidad cotidiana del vaciamiento intestinal durante estos 6 días. Muchas personas suelen comenzar a eliminar cálculos durante este período y dada la toxicidad del material eliminado, en caso de retención intestinal, se estaría generando un proceso de reabsorción tóxica, que puede derivar en migrañas y malestar general. Por lo tanto resulta clave asegurar el diario vaciamiento de los intestinos, usando cualquiera de las técnicas ya explicadas.
EL DÍA DE LA LIMPIEZA
El proceso de limpieza propiamente dicho lleva unas 14 horas (entre el 7º y 8º día). Lo ideal sería que este séptimo día coincidiese con un sábado, sin ocupaciones laborales, y mejor aún, con luna llena y en cambio de estación. Dado que es difícil (o imposible) aunar todas estas variables, prioricemos al menos la coincidencia con el sábado (para lo cual debemos comenzar con la ingesta de manzanas el domingo previo, finalizando el viernes).
Por la mañana del sábado, desayunar y almorzar liviano, tal como en los seis días previos. Tras el almuerzo, interrumpir la ingesta de alimentos, pudiéndose solo beber agua durante las 24 horas siguientes. La limpieza en sí, consiste en la toma de cuatro vasos de solución magnesiana y un frasco de emulsión pomelo/oliva. Veamos detalladamente y con horarios, como llevar adelante el procedimiento completo:
18 hs: Tomar el primer vaso magnesiano que se prepara con una cucharada sopera de sulfato de magnesio (sal inglesa o sales de Epson) disuelto en un vaso de agua. Se puede beber con pajita para evitar el sabor amargo. Aquellos que tengan intolerancia al sulfato o a su sabor amargo, pueden optar por el citrato de magnesio, que resulta menos amargo. Se puede beber agua encima del vaso de solución ingerida.
20 hs: Tomar el segundo vaso magnesiano.
21,30 hs: Si aún no se produjo alguna evacuación como consecuencia de los dos vasos de sulfato de magnesio, hacer una pequeña enema o ducha rectal, a fin de estimular el proceso de eliminación y garantizar la ausencia de obstrucciones.
22 hs: Tomar la emulsión pomelo/oliva. Se aconseja prepararla en un frasco de vidrio con tapa (son ideales los utilizados para envasar mermeladas), agitando antes de beber, unas 20 veces la mezcla de medio frasco de jugo de pomelo exprimido y un poco de aceite de oliva extra virgen (indicativamente, un centímetro de altura). Es bueno usar más cantidad de aceite de oliva, a fin de aumentar la eficiencia del impulso biliar, pero al principio y con mucha congestión tóxica, es algo que puede provocar nauseas o revulsiones. Asegurarse de no tener que realizar ninguna otra actividad posterior a esta toma. Beber la emulsión de pié (se puede beber también a sorbos o con pajita), luego acostarse de inmediato en posición fetal sobre el lado derecho o boca arriba (con la cabeza alta, sobre una buena almohada). Apagar la luz y concentrar la atención para percibir el movimiento de los cálculos en el hígado.
6 hs: Levantarse y tomar el tercer vaso magnesiano. Luego se puede beber agua si hay sed. Permanecer levantado o con el torso vertical, evitando la posición horizontal.
8 hs: Tomar el cuarto y último vaso magnesiano. Con esto se da por concluida la limpieza.
10 hs: Reiniciar el ciclo alimentario bebiendo algún jugo natural o licuado y posteriormente alguna pieza de fruta fresca bien masticada.
12 hs: Comenzar con alimentos sólidos (preferiblemente licuados frutales), en poca cantidad; seguir varios días con dieta liviana y fisiológica, ya que el hígado acaba de pasar por una fuerte exigencia y requiere un período de cuidado extremo. Tomemos en cuenta que este proceso es como haber intervenido quirúrgicamente al hígado y es bueno atender un proceso posoperatorio. También por ello puede suceder que el organismo reclame por más reposo; recordemos que la regeneración del tejido hepático se realiza cuando estamos en posición horizontal. Más allá de atender las necesidades laborales, es bueno que prioricemos el descanso.
Es bueno visualizar las piedras eliminadas durante las evacuaciones. Los tamaños pueden ir desde un granito de arroz a una ciruela pequeña (se ven cálculos de hasta 30mm de diámetro). Pueden eliminarse centenares en una sola sesión y de distintos colores. Esta constatación y la posterior mejora de la función orgánica, es la mejor demostración de la eficacia del método.
La verificación de los desechos eliminados es el indicador de la necesaria continuidad de las limpiezas, respetando el mes de intervalo. Un método práctico para observar los cálculos eliminados consiste en colocar un cola pastas plástico en el inodoro, evacuar, enjuagar la materia fecal con un balde de agua y luego verificar los residuos que quedan en el colador. La secuencia de limpiezas hepáticas profundas se da por terminada cuando no quedan más desechos visibles en el colador.
En caso de molestias (dolores, puntadas, cólicos, etc) siempre es conveniente recurrir a los elementos utilizados durante la limpieza para ablandar los cálculos y dilatar los conductos, o sea manzanas (ó una dosis de ácido málico) y sulfato de magnesio (o citrato de magnesio). Ingiriendo nuevamente dosis de estos principios activos, aliviaremos la molestia y facilitaremos el tránsito de los cálculos en movimiento.
Frente a antiguas acumulaciones y dolencias crónicas, seguramente serán necesarias varias limpiezas hepáticas, que deben repetirse siempre con, al menos un mes de descanso, hasta que no se evacuen más cálculos. En estas situaciones, tal vez se despidan pocos cálculos la primera vez y muchos a partir de la segunda o tercera limpieza. Es importante que una vez iniciado el tratamiento, no se corte la serie de limpiezas, pues las consecuencias pueden ser serias, al haberse movilizado la posición de estos cálculos en la estructura hepática. Hay personas que necesitan una decena de limpiezas para drenar todos sus cálculos y otros que terminan el proceso en 4 o 5 meses. Son tiempos muy personales, que nadie puede adivinar.
Recordar que el día después de cada limpieza hepática (lunes, si la hicimos entre sábado y domingo) se debe realizar una limpieza intestinal, para evitar que algunos cálculos puedan quedar alojados en los intestinos, dado el tenor tóxico (bacterias, virus, parásitos) de dichos cálculos. Esta especie de "enjuague" intestinal puede hacerse con el método de agua salada o bien con una sesión simple de lavaje colónico. En última instancia se puede echar mano a la mezcla purgante (beber 500cc en la noche del domingo) o a una quinta dosis de sal inglesa; aunque la eficacia de estos métodos es menor, siempre algo hay que llevar a cabo para evitar la retención de cálculos: a más limpieza, menos problemas.
También, como veremos luego, se debe permanentemente estimular la depuración de los riñones (el hígado moverá sangre sucia hacia los filtros renales, a causa de la limpieza practicada), a través de infusiones renales como barba de choclo, cola de caballo, diente de león, ortiga, etc.
Si bien hay otras técnicas de depuración hepática, como veremos a continuación, el método de la limpieza profunda es inigualable por su efectividad y rapidez de respuesta. Obviamente es siempre mejor “algo que nada” en materia de alivio tóxico en un órgano tan importante como el hígado, pero a la hora de resolver la causa de fondo de los desordenes de salud, nada como este método. También es bueno recordar que la limpieza hepática profunda no conviene realizarla fuera del contexto sinérgico e integrado del Proceso Depurativo. Es solo una herramienta más…
A modo de resumen representamos una secuencia indicativa para una persona que practica una dieta fisiológica no ensuciante:
EJEMPLO DE SECUENCIA SIMPLIFICADA
Método de limpieza Duración Descanso
Lavaje intestinal (terapia colónica) 3 días 5 días
1ª limpieza hepática profunda 8 días 1 día
Lavaje intestinal con agua salada 2-3 horas 30 días
2ª limpieza hepática profunda 8 días 1 día
Lavaje intestinal con agua salada 2-3 horas 30 días
…limpieza hepática profunda 8 días 1 día
Lavaje intestinal con agua salada 2-3 horas 30 días
Notas: La prescindencia del lavaje intestinal previo a las sucesivas limpiezas hepáticas
se basa en la práctica de una Nutrición Depurativa, sin consumo de alimentos ensuciantes;
caso contrario deberá realizarse un lavaje de intestinos previo a cada limpieza hepática.

Las limpiezas hepáticas deben continuar hasta que no se evacuen más cálculos.

[1] Basada en las indicaciones del libro “Limpieza hepática y de la vesícula” de Andreas Moritz (Obelisco).
[2] Los distintos métodos han sido detallados y evaluados en el Capítulo 4, apartado Técnicas de limpieza intestinal.
[3] Ver Capítulo 7, apartado Los alimentos fisiológicos.
Extraído del libro "Cuerpo Saludable

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